Epistaxis es el término médico para el sangrado nasal, una hemorragia localizada en la cavidad nasal. Es una afección frecuente —hasta un 60 % de las personas la experimentan alguna vez— y en la mayoría de los casos es leve, aunque en ocasiones puede ser grave o reflejar un trastorno subyacente.
Localización habitual: Región anterior del tabique nasal (plexo de Kiesselbach).
Tipos: Anterior (90–95 %) y posterior (5–10 %).
Factores comunes: Sequedad, traumatismos locales, hipertensión, coagulopatías.
Tratamiento inicial: Presión directa y medidas para humedecer la mucosa.
Gravedad: Rara vez pone en riesgo la vida, salvo en pacientes con trastornos hemorrágicos o lesiones severas.
La nariz posee una rica red vascular superficial. La mayoría de los episodios se originan en el plexo de Kiesselbach, en la parte anteroinferior del tabique. Los sangrados posteriores, menos frecuentes, surgen de vasos mayores situados en el tabique o cornete inferior y pueden causar hemorragias abundantes que drenan hacia la faringe.
Las causas locales incluyen traumatismos menores (sonarse con fuerza, hurgarse la nariz), sequedad ambiental o mucositis. Entre las causas sistémicas se encuentran hipertensión, enfermedades hepáticas o hematológicas, uso de anticoagulantes o antiinflamatorios no esteroideos, y trastornos hereditarios como la telangiectasia hemorrágica hereditaria. Factores ambientales —aire seco, altitud, exposición solar— también aumentan el riesgo.
El diagnóstico se basa en la exploración nasal y la anamnesis, complementándose con analítica o endoscopia si se sospecha una causa secundaria. La mayoría de los casos se controlan con presión digital durante 10–15 minutos, aplicación de compresas frías o agentes vasoconstrictores tópicos. En hemorragias persistentes puede requerirse cauterización, taponamiento nasal o cirugía endoscópica.
Aunque generalmente benigna, la epistaxis puede complicarse en personas con enfermedades crónicas, como cirrosis o coagulopatías, y llegar a simular hemorragias digestivas altas o precipitar encefalopatía hepática. Su abordaje oportuno evita pérdidas sanguíneas significativas y reduce complicaciones.