Los pólipos nasales son crecimientos benignos y blandos que se desarrollan en el revestimiento de la nariz o de los senos paranasales. Son una manifestación común de la inflamación crónica de estas cavidades y pueden causar obstrucción nasal, pérdida del olfato y sinusitis recurrente. No son cancerosos, pero tienden a reaparecer incluso después del tratamiento.
Frecuencia: 1–4 % de la población adulta.
Factores asociados: Asma, alergias, sensibilidad a la aspirina, infecciones sinusales crónicas.
Síntomas principales: Congestión, goteo nasal, pérdida del olfato y presión facial.
Tratamientos habituales: Corticoides intranasales u orales, cirugía endoscópica, fármacos biológicos.
Pronóstico: Tienden a reaparecer sin control adecuado de la inflamación.
Los pólipos nasales se asocian a una inflamación prolongada del epitelio nasal, frecuente en personas con asma, rinitis alérgica o sensibilidad a antiinflamatorios no esteroideos. También son más comunes en quienes padecen fibrosis quística o antecedentes familiares de la afección. El mecanismo implica una respuesta inmunitaria tipo 2, con sobreproducción de mediadores inflamatorios (IL-4, IL-5, IL-13).
Los pólipos pequeños pueden ser asintomáticos, pero los grandes provocan congestión persistente, goteo posnasal, ronquidos, pérdida del olfato (anosmia) y presión facial. El diagnóstico se realiza mediante exploración nasal directa o endoscopia; la tomografía computarizada evalúa su extensión y planifica la cirugía. En casos unilaterales, puede requerirse biopsia para descartar tumores.
El manejo inicial incluye aerosoles de corticoides nasales para reducir la inflamación. Si los síntomas persisten, pueden añadirse corticoides orales breves o terapias biológicas (como dupilumab, omalizumab o mepolizumab) que actúan sobre la inflamación eosinofílica. La cirugía endoscópica de senos paranasales se reserva para pólipos extensos o resistentes; aun así, se recomienda mantener tratamiento tópico posterior para prevenir recidivas. (MSD Manuals)
El control de alergias y del asma, junto con la higiene nasal con soluciones salinas, puede reducir las recaídas. Aunque no existe cura definitiva, el tratamiento continuo y el seguimiento especializado permiten mantener los síntomas bajo control y mejorar la calidad de vida.