La rinosinusitis crónica es una inflamación persistente de la mucosa nasal y de los senos paranasales que dura más de 12 semanas. Afecta a entre el 5 % y 11 % de la población europea, siendo una causa importante de obstrucción nasal y pérdida del olfato. Su origen suele ser multifactorial y puede coexistir con asma o alergias.
Duración mínima: más de 12 semanas.
Formas clínicas: con o sin pólipos nasales.
Prevalencia estimada: 5-11 % de la población adulta europea.
Síntomas principales: congestión nasal, rinorrea, presión facial, hiposmia o anosmia.
Tratamiento base: lavados salinos y corticosteroides intranasales.
El proceso inflamatorio puede originarse por infecciones virales o bacterianas repetidas, alergias, alteraciones anatómicas como un tabique desviado o la presencia de pólipos. También intervienen mecanismos inmunitarios tipo 2, caracterizados por eosinofilia e interleucinas (IL-4, IL-5, IL-13), que provocan engrosamiento mucoso y bloqueo del drenaje sinusal.
Los pacientes refieren congestión nasal persistente, goteo anterior o posnasal, dolor o presión facial y disminución del olfato. Puede acompañarse de tos, mal aliento o fatiga. En la exploración, la endoscopia muestra edema, secreción mucopurulenta o pólipos.
Se basa en la presencia de al menos dos síntomas mayores durante más de 12 semanas y en la confirmación endoscópica o radiológica de inflamación. La endoscopia nasal es la prueba de elección; la tomografía computarizada ayuda a valorar la extensión. En casos seleccionados se analizan biomarcadores de inflamación eosinofílica o infecciosa.
El manejo inicial combina irrigaciones con solución salina y corticosteroides tópicos continuos. En exacerbaciones o fracasos terapéuticos pueden añadirse corticosteroides orales, antibióticos o cirugía endoscópica para restablecer el drenaje. Los casos graves con inflamación tipo 2 pueden beneficiarse de fármacos biológicos (dupilumab, omalizumab, mepolizumab). La enfermedad es crónica y requiere control a largo plazo para evitar recurrencias.